Dhyana- Meditación 1

(Foto en los bosques encima de la Playa de Vallina, al lado de la Shala)

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Hoy fuimos al bosque para la clase de las 7.30 de la mañana: Hacía una temperatura inusual para esta época del año y de alguna forma sentí que el bosque me llamaba cuando salí a tomarme el té. Llegamos en la oscuridad, negro total. Nos sentamos en la moqueta natural de agujas de pino y conectamos con nuestra respiración. Te sientas e inhalas y exhalas normalmente y después de un rato empieza la magia; es como si te comprometieras a hacer solo esto, te comprometes a ser solamente tu respiración, te comprometes a respirar, a hacerte consciente de ello como si fuera la última respiración, amas tu respiración como si dijéramos. Sentado en el bosque, no pierdas contacto con tu respiración, ni una, y entonces te conviertes en un testigo de lo que es, completamente vaciado de ti mismo. Ahí es cuando empiezas a escuchar, cuando de verdad puedes escuchar, cuando de verdad puedes ver lo que hay detrás del velo de lo obvio. Mientras sigues tu respiración puedes oír el mar al otro lado del acantilado, el sonido de las cúpulas de los árboles acariciados por la brisa del sur, los primeros cuervos despertándose, algo apresurándose entre los árboles. Suavemente abre los ojos, sigue a tu respiración, date cuenta de los cambios de la luz, cómo la noche se convierte en día, y observa desde un lugar detrás de los ojos. Te has convertido en una parte indivisible de esta belleza que se despliega delante de ti. Le das la bienvenida a las gotas de lluvia bailando en tu frente. Has sentido alguna vez que alguien está verdaderamente escuchándote? Cómo si supieran de verdad escuchar? Escuchan desde ese lugar sin ellos mismos, desde su respiración.