(Playa de Vallina al anochecer, al lado de la Shala)
Hoy guié a mis estudiantes en meditación al lugar silencioso y en paz que reside en el centro de quien en verdad somos, cada uno de nosotros. Algunos visitaron este lugar por primera vez en su vida. Algunos reconocieron por primera vez lo bellos que son, lo abundante que su silencio interior es y como la belleza y el silencio residen en el centro de su verdadero ser. Pudimos aprender juntos que el silencio y el ruido comparten espacio y como invitando a pasar a todo lo que ocurre llegas al lugar más bello dentro de ti. Escuchamos el sonido grave del quemar del fuego y el silencio de la habitación ocurriendo al mismo tiempo. Escuchamos los sonidos fugaces de los ladridos de perros distantes, el canto de los pájaros, coches que pasaban, los cocorikos de los gallos de la vecina, el sonido de un móvil que alguien se dejo en una chaqueta en la puerta, el tic tac del reloj y todo esto compartió espacio con el silencio interior de nuestra respiración. Reconocimos cómo permitimos que estos sonidos fugaces compartan espacio con nuestro silencio interior, en lugar de perturbarlo. Entonces escuchamos lo sonidos de dentro, nuestros fugaces pensamientos e imágenes, de la misma forma que lo hicimos con los sonidos que nos rodean y nos mantuvimos presentes en nuestro silencio interior. Hablamos de que en la naturaleza el silencio y el ruido comparten espacio y como al dirigir nuestra atención podemos experimentar una profunda sensación de silencio. Nada en la naturaleza se presenta de forma pura, las cosas ocurren en sincronicidad y es nuestra atención lo que describe la realidad que experimentamos. Hablamos de un lugar que a todos nos parecía que tiene una cualidad de silencio muy especial; el Bosque Balsera y observamos que el silencio de este lugar comparte espacio con el crujir de las ramas de los árboles, el canto de los pájaros, el sonido del mar lamiendo las piedras de la Playa de Oleiros, el cabalgar de los caballos, los niños jugando. Lo que crea un profundo sentir de conexión, belleza y paz es permitir que todo ello ocurra en su forma fugaz. Yendo a la Naturaleza llegamos a nuestra Naturaleza más profunda, que son la misma cosa, y fuimos testigos de la belleza de todo lo que somos ocurriendo en armónica sincronicidad. Me siento bendecida por el inmenso privilegio de enseñar a estos alumnos, tres días a la semana, a algunos durante 8 años ya, me siento bendecida con la suavidad de su cariño, con el permiso que me han dado para que los guíe en este viaje hacia adentro, me siento bendecida al ver sus caras de descubrimiento al final de cada clase, con la manera increíble que tienen de entregarse a su práctica. Después de tantos años podemos empezar a recolectar los frutos de nuestra dedicación mutua. Mis enseñanzas son un acto de amor, alegría y confianza y me llega devuelto y multiplicado en cada clase. Me siento bendecida por haber encontrado a esta gente y humildemente convertirme en su guía. No sé en realidad cómo llegué a este pueblo ni tampoco cuando los vientos del norte me llevarán a otro lado, pero tan largo como viva me llevaré este amor por vosotros dentro. Namaste.
