Dhyana- Meditación 3

Esta noche ya casi sin luna me llevé a mis alumnas de yoga al bosque, al de al lado de casa, sin más. Llegamos nos sentamos, y empezamos a respirar. Qué bonito regalo respirar, poder respirar, juntas. Primero respiramos y escuchamos, después respiramos y miramos, luego respiramos y olimos y al final respiramos y tocamos. Cada vez la cosa se pone más profunda, más bella, más bestial. Al principio te sientas y estás en el bosque y tienes miedo y le das estúpidas vueltas a la cabeza, después de un rato la cosa empieza a ganar profundidad, cuanto más consciente eres de tu respiración más afilados están tus sentidos, más se te llena el alma a cada bocanada. Las estrellas brillaban en el cielo negro por encima de las copas de los árboles, tan bonito todo, tanta paz, al lado de casa. De vez en cuando comentábamos la jugada, como cuando alguien te besa muy bien y tienes que decírselo. Vimos que una cosa es la idea que tienes de algo sin hacerlo a menudo, como por ejemplo sentarte en un bosque una noche sin luna y otra muy distinta es lo que ocurre cuando lo haces. Lo que crees y lo que es no son la misma cosa, y cuantas veces nos dejamos cegar por lo que creemos de las cosas sin haberlas saboreado profundamente nunca, sin haberles dado tiempo a que se manifiesten en su esplendor. Otra cosa que comentamos fue el efecto del tiempo; cuanto más tiempo pasa, más paz, más tranquilidad, más sentido cobra todo. Con el tiempo también se te acostumbran los ojos a la oscuridad y no hay cosa más bella que mirar a los bosques lejanos a través de las ramas cercanas y ver las estrellas, y escuchar tu respiración, todo el rato; irá siempre contigo hasta que te regalen la última. Soy muy feliz de vivir cerca de estos bosques y de tener la libertad de una noche cualquiera sin luna de diciembre llevarme a mis alumnas a darnos juntas un baño de bosque, a respirar las estrellas, a recordar la paz que somos todos. Life is a fleeting moment that is already gone.