Pratyahara-retraerse de los sentidos

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Hoy en clase de yoga visitamos el lugar del silencio interior, el silencio que emana de dentro. Gracias otra vez al fuego pudimos comprender la cualidad sutil de la presencia. Escuchando los susurros del fuego pudimos experimentar que la presencia no tiene nada que ver con perderse en al acto de ser, de sentir, de percibir. Gracias al murmullo del fuego pudimos experimentar que en lugar de perdernos en la anestesia del sentir, la presencia tiene una sutil cualidad de estar alerta. Lo entendimos mejor mirando dormir a un gato: no se pierden en la experiencia de dormir, están verdaderamente relajados pero profundamente alerta también, preparados para la acción si fuera necesario. Hablamos de las numerosas maneras en las que durante nuestra experiencia cotidiana nos “echamos a dormir” y nos olvidamos de quienes somos en realidad: insensibilizamos nuestra capacidad de percibir con altas dosis de sobrecarga sensorial, utilizamos el placer como un anestésico para no sentir el dolor inherente a estar vivo, nos entregamos a la glotonería de la actividad sinfín incapaces ya de contemplar sin motivos, perdemos contacto con nuestra reserva interior de silencio que es el timón que te dice el camino. Todas estas cosas las puede enseñar el fuego cuando lo escuchamos. Para poder escuchar el fuego tienes que permanecer callado. Abrazado a tu respiración oyes el murmullo del fuego y empiezas a percibir una distancia entre tu respiración y el sonido del fuego. Ahí está! Este es tu silencio interior, ya has llegado. Esta es la práctica de estar completamente presente pero sin responder a tus sentidos, la práctica de estar completamente alerta pero sin reaccionar. Se llama Pratyahara o replegar los sentidos y dirigir la atención. Hacemos mucho Pratyahara en mis clases, pero no le ponemos nombre.

Tao Te Ching Poema 15

“Las antiguas maestras eran profundas y sutiles.(…)
Cuidadosas como alguien cruzando un arroyo helado.
Alerta como guerreras en territorio enemigo.
Corteses como un invitado.
Fluidas como el hielo descongelándose.
Moldeables como un bloque de madera.(…)
La Maestra no busca satisfacción.
Sin buscar, sin esperar,
está presente y puede darle la bienvenida a todas las cosas.”