Lee pasajes y escucha fragmentos de los 5 Tonos Sanadores Taoístas
Texto, Música y Fotos de Ana Moves
“En mi estado de WhatsApp tengo puesto “camino a casa”, porque siempre he tenido la sensación de que la vida es eso, un tránsito o transformación hasta llegar a ” casa”. Los puse por la mañana uno tras otro mientras realizaba mi meditación diaria, pues durante la misma, tuve la sensación de estar en “casa” de formar parte de todo.” Vicente García, un lector, comentando sobre su experiencia con Los 5 Tonos Sanadores Taoístas
Esta obra y su banda sonora se presenta como la exploración más completa hasta la fecha, entretejiendo el rico tapiz de la filosofía taoísta, el antiguo arte de la Medicina China y la teoría de los Cinco Shen o Espíritus, la antigua psicología china, con los 5 Tonos Sanadores de la Musicoterapia China. Está repleto de conocimientos especializados que suelen estar reservados a los profesionales de la medicina china y que a menudo no se tratan en la enseñanza tradicional, todo ello presentado en un formato de fácil lectura, rico en poesía e inspiración. El texto ofrece profundos conocimientos sobre la Teoría de los 5 Elementos, los 5 Shen, los 5 Tonos Curativos Taoístas y los 6 Sonidos Semilla, junto con una banda sonora específicamente creada para acompañar a cada tono para la reflexión personal y la aplicación profesional en meditación y sananción.
Pasaje del Capítulo 3: La Música como Medicina
Los antiguos pueblos de China eran tan conscientes de la conexión inquebrantable de la Unidad que esta visión puede rastrearse incluso en los pictogramas originales de su lengua y en la etiología de las enfermedades, así como en los tratamientos contemplados por su medicina. El milagro del poder de lo ordinario, nuestra forma de sincronizar naturalmente con ello y su capacidad para armonizar el cuerpo-energía-espíritu se expresó maravillosamente en el carácter para la palabra Música: Yuê 樂.
樂
Yué está formado por el radical Mú 木, que significa madera, Yào 幺, que representa los capullos de seda y Bái 白, que significa blanco y representa la claridad y el brillo del sol. Del radical Bái 白 surge un trazo que simboliza un rayo de sol que parece emitir algo de naturaleza inmaterial; como una frecuencia. Mú 木 y Yào 幺 son los materiales naturales de los que estaban hechos los instrumentos y las cuerdas, pero es la singularidad de Bái 白 lo que le confiere una cualidad energética que irradia al exterior.
樂 = 木 + 幺 + 白 Música = Madera + Seda + Frecuencia
Sorprendentemente, el mismo caracter para Yué 樂, música, se utiliza también para significar Lé 樂: alegría; una especie de felicidad sin objeto, alegría como estado del ser sin relación con acontecimientos externos favorables; una serenidad interior, paz o armonía. Añadiendo el radical Câo 艹, que significa hierba, a este caracter 樂 de música y alegría se obtiene el caracter de medicina: Yao 藥. Yao 藥 significa medicina como algo que se puede ingerir, beber o hacer para curarse.
藥
Así pues, si observamos la historia de estos caracteres, vemos que la Música es algo inmaterial, brillante, de la misma naturaleza que la luz, la energía y la frecuencia, algo que es sinónimo de un estado de armonía, satisfacción y serenidad. Cuando se le añade un componente material, hierba, entonces se convierte en una medicina, algo que se podría tomar o recetar como medicamento.
藥 = 樂 + 艹
Medicina = Música y Alegría + Hierbas
Los antiguos chinos utilizaban y prescribían música junto con preparados de plantas para curar el cuerpo-energía-espíritu, como se ilustra tan claramente en el idioma chino. Si la música, una frecuencia inmaterial, puede prescribirse para sanar el cuerpo-energía-espíritu, entonces las causas de la enfermedad también pueden tener su origen en algo de naturaleza más energética que puramente física.
Fragmentos de la Banda Sonora
A continuación puedes escuchar extractos de la banda sonora de 30 minutos que acompaña al libro.
Estás escuchando Gōng, el tono armonizador del Elemento Tierra. Los instrumentos para el tono Gōng son la voz, un tambor hecho a mano y cuencos de terracota.
A continuación, un fragmento de Zhǐ , el tono armonizador del Elemento Fuego. Los instrumentos de Zhǐ son la voz y dos nyckelharpas hechas a mano.
A continuación, un extracto de Shāng, el tono armonizador del Elemento Metal. Los instrumentos para Shāng son voz, flauta, cuencos tibetanos y campanas, gongs y campanas de viento.
A continuación, un extracto de Jué, el tono armonizador del Elemento Madera. Los instrumentos de Jué son la voz, una flauta de bambú hecha a mano y una caja shruti hecha a mano.
A continuación, un fragmento de Yǔ, el tono armonizador del Elemento Agua. Los instrumentos de Yǔ son la voz, vasos, un cuenco de cuarzo, un mortero de mármol y un Qing (instrumento prehistórico chino de piedra) hecho a mano.
Pasaje del capítulo 3.1
Cuando nos sentamos en la Naturaleza a observar lo que «ocurre» y dejamos ir la mente biográfica, entramos en el reino de Shen. Shen puede apreciarse plenamente cuando aquietamos la mente, manteniendo el cuerpo tranquilo, dejando a un lado el deseo de respuestas y de acción, y simplemente escuchamos, entrando en el reino del tiempo atemporal.
Como sanadores, acudimos a estos lugares para formarnos y trabajar. Es nuestro deber peregrinar para perfeccionarnos en el arte de la ofrenda y la mediumnidad. No venimos aquí, como generalmente se entiende, escapando de vidas asfixiantes y respirar aire fresco y así contrarrestar los espacios de vida contaminados, ni para hacer ejercicio y combatir los hábitos sedentarios, ni para curarnos y compensar una existencia egocéntrica, ni para pedir orientación y equilibrar la tendencia a ignorar nuestras voces interiores. Como sanadores, hemos comprendido que somos el instrumento, por lo que tomamos decisiones conscientes sobre la salubridad de los lugares en los que vivimos y la vida que llevamos. Siendo nuestro hogar y nuestro templo, trabajamos a diario con el cuerpo y la mente para mantener afinados nuestros instrumentos. Vivimos una vida de servicio y esto revierte en nosotros como un boomerang, por lo que salimos muy beneficiados. Al vivir y decidir conscientemente, hemos aprendido a amar el tesoro de nuestra hermosa esencia y, reconociendo su valor, vivimos guiados por ella. Es entonces el máximo amor y gratitud lo que nos mueve a frecuentar estos lugares. Venimos a ofrecer la oblación de nuestra presencia y silencio, a dar testimonio de la belleza de la existencia, a acompañar por un momento a estos lugares, a presentarnos ante ellos por una necesidad de corresponder.
Nuestra mejor ofrenda es no molestar, y con el máximo respeto no destacamos, apenas somos perceptibles. Como perfectos invitados seguimos la norma de etiqueta desde antiguo conocida: “donde fueres haz lo que vieres”. Así que nos sentamos en silencio y, guiados por nuestro anfitrión, nos vaciamos, y al volvernos huecos somos la flauta que nuestro anfitrión toca. Cuanto más acudimos a estos lugares, más precisas se vuelven nuestras melodías, más detalles y texturas somos capaces de absorber y emanar. Al vaciarnos de nosotros mismos nos convertimos en el medio a través del cual estos lugares suenan y llegan a los demás. Nos convertimos en resonadores de las frecuencias armonizadoras de Shen.
Y así hacemos nuestro trabajo y entonces, en la montaña, nos convertimos en la roca, profundamente arraigada en la ladera, magnífica e inmóvil y aún sometida a la erosión, testigo silencioso de miles de años de cambio y transformación. También podemos convertirnos en la hierba, profundamente enraizada, conteniendo las laderas y sirviendo de sustento a los animales de la cima. También podemos sentir a los caballos y a las vacas, con sus patas fuertemente unidas a la tierra que pisan, seguros de que no tienen que ir muy lejos, pues el sustento está disponible justo debajo de sus patas.
En los páramos se respira el misterio del silencio, la bruma mística que juega al escondite con la vasta extensión de las colinas ondulantes, los dedos desnudos de los esbeltos árboles marcando las orillas de los arroyos. El viento ulula como el eco latente de todas las voces que una vez allí sonaron; el encantamiento aún más perceptible cuando graznan los cuervos.
En la meseta podemos abrazar la extensión ilimitada de la tierra, expandiéndose en todas direcciones mientras besa el cielo, tan cerca durante el día que ofrece la fantasía del tacto, tan lejos por la noche que nos reafirma en nuestro tamaño real.
En el bosque formamos parte de la danza esencial de la muerte y la vida. En otoño, suspendiendo nuestras nociones e ideas, nos enamoramos realmente del caer, nos damos cuenta de que estamos hechizados por los colores de la decadencia, podemos finalmente admirar la belleza de la muerte mientras desnuda al bosque, dejando tras de sí un cautivador manto de colores cálidos.
En el océano nos convertimos en la gota que no puede sustraerse a la ola entera, la inmensidad que se mueve sin cesar en fluidez, la estela que se cierra tras de sí, sin señales del pasado, sin caminos en el mar, sin señas que seguir, sólo un estado fluido de devenir, si uno se da cuenta de que no deja huellas y de que, en semejanza, uno no es rastreado, ni está marcado.
Cada uno de los paisajes naturales de la Tierra evoca en nosotros una hermosa sensación de conexión e interrelación que se vuelve disponible cuando abandonamos por un momento nuestra sensación biográfica de quiénes somos. Estos lugares emanan una música silenciosa que sana el Espíritu y armoniza el cuerpo. En nuestro viaje en pos de la sanación hemos pospuesto momentáneamente nuestra táctica de huida hacia delante, hacia la acción, hacia la búsqueda aparentemente inocente de otras tierras prometidas supuestamente más emocionantes, logros más elevados y caminos más profundos que no podemos abrazar porque nos guía el desasosiego. Finalmente hemos hecho una pausa, hemos aceptado, hemos sucumbido al eterno detenimiento del ahora.
La belleza de los Tonos Sanadores Taoístas reside en que son capaces de transmitir la silenciosa huella natural que dejan estos lugares a través de la música y el sonido. Los paisajes sonoros creados por los tonos sanadores son como los paisajes de los que emanan. Para recibir la transmisión profundizamos en la introspección. Al aquietar la mente y tranquilizar el cuerpo, ponemos nuestra intención en mantener una simplicidad meditativa y constante que facilita la entrada, tanto al practicante como al oyente, en el reino místico de Shen. Del mismo modo que cuando estamos en la naturaleza, dejamos de tomar caminos secundarios y nos detenemos para absorber el ahora desplegándose, cuando creamos o escuchamos música de los Tonos Sanadores Taoístas evitamos tratar de encontrar una resolución musical, algún tipo de clímax o conclusión compositiva. Más bien profundizamos en la simplicidad onírica de un ahora extendido, sin principio ni fin, la cualidad de otro mundo que se extiende infinitamente en todas direcciones junto a nuestra realidad conocida, sin ir a ninguna parte concreta pero siempre presente más allá del tiempo y la medida.
Introspección, silencio, quietud, fe, voluntad de dejarse guiar, renuncia momentánea a los mandatos del sentido común, apertura, concentración: los pilares de la sanación.
“Ya lo estoy utilizando en vivo y con receta. Gracias Ana tú trabajo, me completa cosas que no tenia en cuenta lo suficiente, repase mis notas y la información es idéntica al curso que había hecho. Los tonos duran lo justo para conseguir el impacto. Una pasada, que guapo ver a alguien encontrar su canción y cuanto trabajo hay detrás. El único problema es que me acabo de enterar que tienes otros dos !! Y yo no estoy al dia.✊♥️🙏”
– Javi, El Roble Acupuntura
“Acabo de terminar los Cinco Tonos Sanadores Taoístas de una de mis estudiantes, Ana Moves Tao Yoga. Este libro impresionante fusiona la musicoterapia, la filosofía taoísta y la medicina china de una manera que también ofrece una rica comprensión de los 5 elementos.”